18 diciembre, 2017

La sospecha que se abre camino



eldiario.es 16/12/2017
Fragmento del artículo ‘Catalunya como laboratorio político’, de Santiago López Petit. (Completo aquí)


«Por unos momentos la política con su juego de mayorías, con sus correlaciones de fuerza etc. quedó relegada, y lo que tuvo lugar fue un auténtico desafío colectivo. Un desafío que se prolongó en la impresionante manifestación del 3 octubre en repudio a la represión. Es difícil de analizar la fuerza política inmensa, y a la vez, escondida que había en esta manifestación. En ella empezó a formarse un sujeto colectivo que desbordaba el paralizante "un solo pueblo". ¿Cómo llamar a este sujeto político? Eran unas singularidades que, habiendo dejado el miedo en casa, no estaban dispuestos a claudicar fácilmente. Un pueblo estallado en miles de cabezas capaz de expulsar a los fascistas infiltrados con exquisita violencia. La sospecha que se abre camino es si el miedo del Govern, no era tanto respecto a la acción del Estado, como respecto a lo que esta gente un día pudiera llegar a hacer. Una gente en la que se amalgamaba la irreductible consistencia del catalanismo popular y el malestar social existente. Por eso resultan empalagosas tantas llamadas al civismo, a la buena gente, y a las sonrisas en unos momentos de represión desbocada. Lo siento. Cuando oigo la palabra "civismo" pienso automáticamente en las normativas cívicas que sirven para limpiar el espacio público de residuos sociales de todo tipo.»


16 diciembre, 2017

Las "maras", nueva forma de control social - Marcelo Colussi




NdeLH: Artículo publicado por La Haine el 21/05/2010, que reproducimos por su actualidad.
El de las pandillas es un fenómeno urbano, pero con raíces en la exclusión social, en la huida de masas rurales de la pobreza crónica y de la violencia capitalista
Para situar el problema: En algunos de los países del istmo centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua en menor grado) desde hace ya unos años, y en forma siempre creciente, el fenómeno de las pandillas juveniles violentas ha pasado a ser un tema de relevancia nacional. Se trata de un fenómeno urbano, pero que tiene raíces en la exclusión social del campo, en la huida desesperada de grandes masas rurales de la pobreza crónica y de la violencia de las guerras internas que estos últimos años asolaron la región.
Estas pandillas, surgidas siempre en las barriadas pobres de las ciudades cada vez más atestadas y caóticas, son habitualmente conocidas como "maras" –término derivado de las hormigas marabuntas, que terminan con todo a su paso, metáfora para explicar lo que hacen estas "mara-buntas" humanas–. Las mismas, según la representación social que se generó estos últimos años, han pasado a ser el "nuevo demonio" todopoderoso. Según el manipulado e insistente bombardeo mediático, son ellas las principales causas de inestabilidad y angustia de estas sociedades, ya de por sí fragmentadas, sufridas, siempre en crisis; es frecuente escuchar la machacona prédica que "las maras tienen de rodilla a la ciudadanía".
El problema, por cierto, es muy complejo; categorizaciones esquemáticas no sirven para abordarlo, por ser incompletas, parciales y simplificantes. Entender, y eventualmente actuar, en relación a fenómenos como éste, implica relacionar un sin número de elementos y verlos en su articulación global. Comprender a cabalidad de qué hablamos cuando nos referimos a las maras no puede desconocer que se trata de algo que surge en los países más pobres del continente, con estructuras económico-sociales de un capitalismo periférico que resiste a modernizarse, y que vienen todos ellos de terribles procesos de guerra civil cruenta en estas últimas décadas, con pérdidas inconmensurables tanto en vidas humanas como en infraestructura, los cuales hipotecan su futuro.
Las maras, de esa forma, son una expresión patéticamente violenta de sociedades ya de por sí producto de largas historias violentas, o mejor aún: violentadas, hijas de una cultura de la impunidad de siglos de arrastre, de países que se siguen manejando con criterio de Estado finquero donde las diferencias económicas son irritantes (Guatemala, por ejemplo, es el país del mundo con mayor porcentaje de avionetas particulares y vehículos Mercedes Benz de lujo per capita, mientras que más del 50 % de su población está por debajo del límite de la pobreza). Sociedades donde transcurrieron monstruosas guerras civiles en la década de los 80 del pasado siglo –guerras contrainsurgentes, expresión caliente de la Guerra Fría, y en el caso de Nicaragua, guerra a partir de la contrarrevolución antisandinista– que dieron lugar a procesos de post guerra donde no hubo ni culpables de las atrocidades vividas ni medidas de reparación para atender las secuelas derivadas de tanto dolor. Sociedades, en definitiva, estructuradas enteramente en torno a la violencia como eje definitorio de todas las relaciones: patriarcales, racistas, machistas, excluyentes; sociedades donde todavía funciona el derecho de pernada y donde la noción de "finca" (el feudo medieval) es parte de la cultura dominante (cuando alguien es llamado responde "¡mande!" en vez de "usted dirá").
Las maras empiezan a surgir para la década de los 80 del siglo pasado, aún con todas esas guerras en curso. En un primer momento fueron grupos de jóvenes de sectores urbanos pobres que se unían ante su estructural desprotección. Hoy, ya varias décadas después, son mucho más que grupos juveniles: son "la representación misma del mal, el nuevo demonio violento que asola el orden social, los responsables del malestar en Centroamérica"…, al menos según las versiones oficiales.
No cabe ninguna duda que las maras son violentas; negarlo sería absurdo. Más aún: son llamativamente violentas, a veces con grados de sadismo que sorprende. No hay que perder de vista que la juventud es un momento difícil en la vida de todos los seres humanos, nunca falto de problemas. El paso de la niñez a la adultez, en ninguna cultura y en ningún momento histórico, es tarea fácil. Pero en sí mismo, ese momento al que llamamos adolescencia no se liga por fuerza a la violencia. ¿Por qué habría de ligarse? La violencia es una posibilidad de la especie humana en cualquier cultura, en cualquier posición social, en cualquier edad. No es, en absoluto, patrimonio de los jóvenes. De todos modos, algo ha ido sucediendo en los imaginarios colectivos en estos últimos años, puesto que hoy, al menos en estos países de los que estamos hablando, ser joven –según el discurso oficial dominante– es muy fácilmente sinónimo de ser violento. Y ser joven de barriadas pobres es ya un estigma que condena: según el difundido prejuicio que circula, provenir de allí es ya equivalente de violencia. La pobreza, en vez de abordarse como problema que toca a todos, se criminaliza.
A esta visión apocalíptica de la pobreza como potencialmente sospechosa se une una violencia real por parte de las maras que a veces sorprende, por lo que la combinación de ambos elementos da un resultado fatal. De esa forma la mara pasó a estar profundamente satanizada: la mara pasó a ser la causa del malestar de estas eternamente (al menos para las grandes mayorías) problemáticas sociedades. La mara –¡y no la pobreza ni la impunidad crónicas!– aparece como el "gran problema nacional" a resolver. No caben dudas que se juegan ahí agendas fríamente calculadas, distractores sociales, cortinas de humo: ¿pueden ser las pandillas juveniles violentas –que, a no dudarlo, son violentas, eso está fuera de discusión– el gran problema de estos países, en vez de enormes poblaciones por debajo de la línea de pobreza? ¿Pueden ser estos grupos juveniles violentos la causa de la impunidad reinante ("los derechos humanos defienden a los delincuentes", suele escucharse), o son ellos, en todo caso, su consecuencia? Si fue posible desarticular movimientos revolucionarios armados apelando a guerras contrainsurgentes que no temieron arrasar poblados enteros, torturar, violar y masacrar para obtener una victoria en el plano militar, ¿es posible que realmente no se puedan desarticular estas maras desde el punto de vista estrictamente policíaco-militar? ¿O acaso conviene que haya maras? Pero, ¿a quién podría convenirle?
Los jóvenes: entre promesa y peligro
Algunos años atrás la juventud –"divino tesoro" por cierto…, al menos, así se decía– era la semilla de esperanza. Algo sucedió con aquella promesa de la juventud como "futuro de la patria" para que haya pasado a ser ahora un "problema social". ¿Cómo se dio ese movimiento? ¿Qué pasó con aquella visión, expresada en 1972 por Salvador Allende diciendo que "ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica", que se transformó en una juventud despolitizada, desinformada, light? Y peor aún: si huele a pobre, proveniente de barrios pobres, ni hablemos si está tatuada: ¡peligrosa! En los países centroamericanos, de composición indígena en muy buena medida –cruel paradoja de la historia– la exclusión social está ligada en relación inversamente proporcional a la blancura de la piel. Si se viene de barrios pobres –donde en general asienta la población menos "blanca"– la posibilidad de ser un "potencial delincuente" se dispara: "blanco manejando un Mercedes Benz: empresario exitoso; negro o indio manejando un Mercedes Benz: vehículo robado".
Las pandillas son algo muy típico de la adolescencia: son los grupos de semejantes que le brindan identidad y autoafirmación a los seres humanos en un momento en que se están definiendo sus papeles sociales, sus imágenes de sí mismo como adultos. Siempre han existido; son, en definitiva, un mecanismo necesario en la construcción psicológica de la adultez. Quizá el término hoy por hoy goza de mala fama; casi invariablemente se lo asocia a banda delictiva. Pero de grupo juvenil a pandilla delincuencial hay una gran diferencia.
En la génesis de cualquier pandilla se encuentra una sumatoria de elementos: necesidad de pertenencia a un grupo de sostén, la dificultad en su acceso a los códigos del mundo adulto; en el caso de los grupos pobres de esas populosas barriadas de cualquier capital centroamericana se suma la falta de proyecto vital a largo plazo. Por supuesto, por razones bastante obvias, esta falta de proyecto de largo aliento es más fácil encontrarlo en los sectores pobres que en los acomodados: jóvenes que no hallan su inserción en el mundo adulto, que no ven perspectivas, que se sienten sin posibilidades para el día de mañana, que a duras penas sobreviven el hoy, jóvenes que desde temprana edad viven un proceso de maduración forzada, trabajando en lo que puedan en la mayoría de los casos, sin mayores estímulos ni expectativas de mejoramiento a futuro, pueden entrar muy fácilmente en la lógica de la violencia pandilleril. Una vez establecidos en ella, por una sumatoria de motivos, se va tornando cada vez más difícil salir. La sub-cultura atrae (cualquiera que sea, y con más razón aún durante la adolescencia, cuando se está en la búsqueda de definir identidades).
Constituidas las pandillas juveniles –que son justamente eso: poderosas sub-culturas– es difícil trabajar en su modificación; la "mano dura" policial-militar no sirve. Por eso, con una visión amplia de la problemática juvenil, o humana en su conjunto, es inconducente plantearse acciones represivas contra esos grupos como si eso sirviera para modificar algo. De lo que se trata, por el contrario, es ver cómo integrar cada vez más a los jóvenes en un mundo que no le facilita las cosas. Es decir: crear un mundo para todos y todas. O más aún: si se quiere trabajar de verdad el problema, habría que partir por plantearse dónde están las causas, y sobre ellas actuar. Y no son otras que la exclusión crónica, la pobreza, las asimetrías sociales. Pero lo que vemos es que estos grupos, en vez de ser abordados en la lógica de poblaciones en situación de riesgo, son criminalizados.
Tan grande es esa criminalización, que eso lleva a pensar que allí se juega algo más que un discurso adultocéntrico represivo y moralista sobre jóvenes en conflicto con la ley penal. ¿Por qué las maras son el nuevo demonio? Porque, definitivamente, no lo son. ¿Hay algo más tras esa continua prédica?
¿Una estrategia de control social?
Cuando un fenómeno determinado pasa a tener un valor cultural (mediático en este caso) desproporcionado con lo que representa en la realidad, por tan "llamativo", justamente, puede estar indicando algo. ¿Es creíble acaso que grupos de jóvenes con relativamente escaso armamento y sin un proyecto político alternativo se constituyan en un problema de seguridad nacional en varios países al mismo tiempo?
Hoy día el discurso oficial que barre las distintas naciones centroamericanas –y Washington también participa en esta "preocupación", para lo que impulsa una iniciativa regional a nivel militar conocida como Plan Mérida (la réplica mesoamericana del Plan Colombia)– presenta a estas maras como un flagelo de proporciones apocalípticas. Definitivamente el accionar de estos grupos es muy violento (llamativamente violento, nos atreveríamos a decir). En modo alguno, desde ningún punto de vista, se puede minimizar su potencial criminal: matan, asaltan, violan, extorsionan. Todo eso es un hecho. Ahora bien: la dinámica donde todo eso se da abre sugestivas preguntas.
Definitivamente, para poder contestarlas a profundidad, deberían realizarse investigaciones muy minuciosas que, dada la naturaleza de lo que está en juego, se torna muy difícil, cuando no imposible. Pero pueden intuirse ciertas perspectivas que, al menos, dan idea de por dónde se direcciona la cuestión.
Por lo pronto, y aunque no se disponga de datos concretos terminantes, todo esto deja preguntas que permiten concluir algunas cosas:
- Las maras no son una alternativa/afrenta/contrapropuesta a los poderes constituidos, al Estado, a las fuerzas conservadoras de las sociedades. No son subversivas, no subvierten nada, no proponen ningún cambio de nada. Quizá no son funcionales en forma directa a las grandes empresas, pero sí son funcionales para ciertos poderes (poderes ocultos, paralelos, grupos de poder que se mueven en las sombras) que –todo así lo indicaría– las utilizan. En definitiva, son funcionales para el mantenimiento sistémico como un todo, por lo que esas grandes empresas, si bien no se benefician en modo directo, terminan aprovechando la misión final que cumplen las maras, que no es otro que el mantenimiento del statu quo.
- No son delincuencia común. Es decir: aunque delinquen igual que cualquier delincuente violando las normativas legales existentes, todo indica que responderían a patrones calculadamente trazados que van más allá de las maras mismas. No sólo delinquen, sino que, esto es lo fundamental, constituyen un mensaje para las poblaciones. Esto llevaría a pensar que hay planes maestros, y hay quienes los trazan.
- Si bien son un flagelo –porque, sin dudas, lo son–, no afectan la funcionalidad general del sistema económico-social. En todo caso, son un flagelo para los sectores más pobres de la sociedad, donde se mueven como su espacio natural: barriadas pobres de las grandes urbes. Es decir: golpean en los sectores que potencialmente más podrían alguna vez levantar protestas contra la estructura general de la sociedad. Sin presentarse así, por supuesto, cumplen un papel político. El mensaje, por tanto, sería una advertencia, un llamado a estarse quieto.
- No sólo desarrollan actividades delictivas sino que, básicamente, se constituyen como mecanismos de terror que sirven para mantener desorganizadas, silenciadas y en perpetuo estado de zozobra a las grandes mayorías populares urbanas. En ese sentido, funcionan como un virtual "ejército de ocupación".
- Disponen de organización y logística (armamento) que resulta un tanto llamativa para jovencitos de corta edad; las estructuras jerárquicas con que se mueven tienen una estudiada lógica de corte militar, todo lo cual lleva a pensar que habría grupos interesados en ese grado de operatividad. ¿Pueden jovencitos semi-analfabetos, sin ideología de transformación de nada, movidos por un superficial e inmediatista hedonismo simplista, disponer de todo ese saber gerencial y ese poder de movilización?
Por supuesto que no podemos responder aquí con exactitud todas estas dudas, por la carencia de datos precisos al respecto. Pero el sólo hecho de plantearlas y ver cómo los poderes mediáticos bombardean en forma sistemática con mensajes que potencian esa sensación de indefensión de las grandes mayorías, permite inferir que estas maras pueden jugar un papel político que va muchísimo más allá que lo que sabe cada uno de estos jóvenes que actúa en ellas. Podría decirse que hay en estas apreciaciones una óptica confabulacionista. Espero que el discurso paranoico no me doblegue, pues está claro que todos estos patrones arriba mencionados, más que responder a abstrusos fundamentalismos que ven conspiraciones de la CIA en cada esquina, abren interrogantes que "llamativamente" ningún medio de comunicación contribuye a aclarar sino, por el contrario, oscurece más aún día a día.
Se entremezclan en todo este proceso varias lógicas: por un lado, efectivamente hay una búsqueda psicológica de estos jóvenes en relación a "familias sustitutas", deseos de protagonismo, sensación de poder; elementos que, sin dudas, la mara les confiere (en mayor o menor medida, cualquier joven participa de esas búsquedas en cualquier parte que esté).
Pero además, articulándose con ese nivel subjetivo, todo indicaría que hay determinantes político-ideológicos en los planes de acción de estos grupos que llevan a pensar que, "curiosamente", allí donde puede generarse la protesta social, aparecen las maras. Si las grandes masas urbanas empobrecidas no se benefician con esto, sino que, al contrario, viven en la permanente zozobra, maniatados, guardando un forzado silencio, ¿quién sacará provecho de esto? Si podemos entenderlas entonces como mecanismos de control social: ¿quién controla? Seguramente los mismos poderes que vienen controlando todo desde hace un buen tiempo; y sabemos que los poderes no son nunca ni "buenitos", ni transparentes. "El fin justifica los medios", se dijo hace mucho…, y no se equivocaba quien lo dijo, que fue alguien que sabía mucho de estas opacidades del poder: Maquiavelo.
Insistimos: todas estas son hipótesis. Pero la experiencia nos enseña que estos rimbombantes hechos mediáticos –como la caída de las Torres Gemelas en Nueva York con los avionazos del 11 de septiembre del 2001, el "fundamentalismo islámico" que es el nuevo demonio para otra parte del mundo (el Medio Oriente), el narcotráfico (que nos toca a los latinoamericanos en buena medida), o en su momento, durante la Guerra Fría, el "comunismo internacional" que abría supuestas cabezas de playa por todos lados–, funcionan como fantasmas que sirven para atemorizar, y por tanto: controlar. En cada país con petróleo o agua dulce aparece sugestivamente una célula de Al Qaeda que, por supuesto, justifica todo. ¿Se estará repitiendo la misma historia con esto de las maras? ¿Por qué el gran "problema nacional" de los sufridos países de Centroamérica son las maras y no la pobreza y exclusión que las producen?



Un joven ha sido detenido y los medios han engrasado la trituradora para destrozarlo públicamente.



El sentido común se esconde bajo la víscera, la mala leche lo enfanga todo y la presunción de inocencia se olvida en estos caminos de ira españolista.



Sin juicio, sin saber qué ostias ha pasado, las redes se suman al linchamiento, afirman sin rubor que lo han matado porque llevaba tirantes rojos y amarillos. Y se quedan tan panchos. Nada más se sabe de momento.
Pero como tiene rastas, ya estuvo en el talego, es chileno, es rojo, okupa, maricón, anarquista, vasco, catalán o ateo es suficiente argumento para desollarlo.


La casquería en la que se han convertido muchos periodistas trabaja a pleno rendimiento para que el populacho pida venganza, no para que se exija justicia por los mendigos que queman, no para los homosexuales que golpean día sí y día también, no para los zurdos que insultan, no para las hinchas de fútbol que arrojan al río. No.
La justicia desaparece siempre por el lado antifascista de nuestras vidas.
Rodrigo Lanza, de momento yo sí te creo.

Silvia Delgado Fuentes

15 diciembre, 2017

Argentina: fuerte represión de la Gendarmería Nacional contra manifestantes.


Un fuerte operativo de seguridad reprimió a los manifestantes que se oponen al recorte a los jubilados.

Jueves 14 de Diciembre de 2017

GALERÌA DE FOTOS:








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Mariano Martino
A las 13 horas la Plaza de los dos Congresos comenzó a colmarse y todavía faltaba el grueso de los manifestantes que estaban concentrando en distintos puntos aledaños y que se sumarían al resto sobre las 14.30. El desmedido y amenazante operativo policial, coordinado entre Gendarmería y Policía Federal, ya era un adelanto de lo que ocurriría minutos después.
Sobre las 14, algunos forcejeos en las vallas desataron la brutal represión que se valió de balas de goma disparadas a quemarropa, carros hidrantes y una cantidad extraordinaria de gases lacrimógenos. Una vez que las columnas allí presentes retrocedieron dos cuadras, entró en acción la policía motorizada que avanzó disparando balas de goma secundada por más gases lacrimógenos. Al mismo tiempo se desató una represión de las mismas características por la avenida Entre Ríos donde se encontraban los docentes universitarios, los trabajadores no docentes, los estatales, la Juventud Sindical y los gremios de aeronavegantes y de empleados del peaje.
Del lado de enfrente, los manifestantes improvisaron una respuesta desigual con piedras y encendiendo fogatas cuyo humo ayuda a dispersar los efectos de los gases.
Durante alrededor de una hora más se repitió la escena con las corridas hasta que se supo que la sesión había sido levantada. Los manifestantes reprimidos festejaron allí mismo el resultado que interpretaron como resultado de la movilización popular que protagonizaban. Sin embargo, la represión no cesó e incluso continuó bajo la forma de una cacería, una vez que las columnas se dispersaron.
Antes, a pocas horas de que se levantara la sesión en la que se iba a votar la reducción en los haberes jubilatorios, la Gendarmería había agredido a diputados nacionales en la puerta del Congreso. Pasadas las 14 comenzaron los gases lacrimógenos, las balas de goma y los carros hidrantes, además de los golpes y empujones por parte de la policía contra los manifestantes y diputados. Los diputados del Frente para la Victoria, con su presidente de bloque Agustín Rossi a la cabeza, trataron de disuadir a los gendarmes pero fueron también agredidos. Un gendarme disparó gas pimienta directo a la cara de Rossi. También le tiraron gas a Mayra Mendoza, Darío Martínez y Marcos Cleri. Además, se enfrentaron a la Gendarmería los diputados del FpV José Luis Gioja, Cristina Álvarez Rodríguez, Juan Cabandié, y del Partido de la Victoria, Lucila De Ponti y Leonardo Grosso.
En tanto, el diputado fueguino del FPV Matías Rodríguez, fue herido en la cabeza durante la represión por un gendarme y hubo que trasladarlo en ambulancia.
“No son obreros, nos son trabajadores, son los milicos que cuidan a los patrones”, les gritaron las organizaciones sociales y políticas a los cientos de policías y gendarmes que se encontraban apostados detrás del vallado de la esquina de Avenida Callao y Mitre. Los gases lacrimógenos siguieron para dispersar a los manifestantes y hasta también sonaron en el subte. Ya pasada la tarde, se acercaron los carros hidrantes y lanzaron agua con colorante.

La base de la democracia en España




Neorrabioso 12/12/2017

Tras la revuelta catalana, se ha creado en España una nueva nacionalidad: se trata del español por cojones.

—¿De dónde es usted?
—De España por cojones.
—¿Cómo por cojones?
—Pues verá usted, yo no quiero ser español, pero el resto de españoles dice que tengo que seguir siéndolo por cojones, incluso en el caso de que el 100% de mi comunidad autónoma piense como yo, y para lograrlo están dispuestos hasta a romperme la cabeza por mi propio bien.
—¿Pero eso es democrático?
—¡Claro que es democrático! ¡Es la base de la democracia en España!


12 diciembre, 2017

Neocolonialismo: desde los esclavos de la plata al oro de nuestros días - Jérôme Duval




El Salto – 04/12/2017

El saqueo de materias primas, que arrancó con la invasión española, continúa todavía en la actualidad en las colonias y excolonias y en detrimento de la ciudadanía y el medio ambiente.
Como consecuencia de los viajes de Cristóbal Colón, la invasión española devasta reinos y regiones enteras, despoblándolas y quemándolas. Los indios sin embargo acogen a los cristianos de la mejor manera que pueden, a menudo ofreciéndoles hospedaje, comida y cantidades de oro. Por su parte los colonos españoles propagan casi sistemáticamente el miedo, masacran, torturan o queman a los indios desde el comienzo para asegurar su dominio y facilitar su colonización.
Bartolomé de las Casas, uno de los pocos en denunciar este exterminio, contemporáneo de los hechos, describirá el horror con que estos tiranos diezmaban a las poblaciones originarias. Las grandes potencias coloniales, Portugal, Francia, España, Reino Unido, Holanda y Bélgica principalmente, provocaron la muerte de una gran parte de poblaciones autóctonas de las Américas, de Asia y de África con el fin de extraer sus recursos naturales, plata y oro en primer lugar, explotarlos y sacar de ellos el máximo beneficio.

Miles de millones de onzas de plata
El año 1545, el descubrimiento de Potosí, una enorme mina de plata de la actual Bolivia (que entonces pertenecía a Perú), marca el comienzo de la expropiación de riquezas del subsuelo latinoamericano. Hacia 1571, se comenzó a utilizar el mercurio para amalgamar el oro y aumentar su extracción. En 1572, Francisco de Toledo, quinto virrey del Perú, ensanchó las calles, inició la construcción de la iglesia de la Matriz y de la Casa de la Moneda donde, desde 1574, se acuñaba el metal en moneda.
La ciudad de Potosí albergaba el yacimiento más importante del mundo en el interior del Cerro Rico, rebosante de plata, y su desarrollo es fulgurante. “Dieciocho meses después de su fundación, cuenta con 14.000 habitantes y veinte años más tarde 100.000; en el siglo XVII, albergará 160.000, y será entonces, con México, la ciudad más grande de América”, explica Fernand Braudel en su libro Del Potosí a Buenos Aires: una ruta clandestina de la plata.  Efectivamente, en su apogeo, hacia 1580, Potosí, a pesar de la dureza de sus condiciones climáticas, cuenta con más habitantes que Madrid, Sevilla o Roma. Se convierte en la ciudad más poblada del “Nuevo Mundo" y la más opulenta de la región, cuenta con 36 iglesias, muchos teatros y escuelas de danza, cantidad de casas de juego y mansiones suntuosas pertenecientes a los ricos colonos españoles.
Miles de millones de onzas de plata se extraen gracias a los trabajos forzados bajo la colonización española. Millares de esclavos africanos son llevados a la fuerza a las minas para reemplazar y compensar la pérdida de otros tantos indígenas muertos en su trabajo. La extorsión de esta plata sirvió para reforzar el tesoro del emperador Carlos V (Carlos I, rey de España) para alimentar las arcas del Reino de España para financiar sus guerras y, más allá de Europa, para el desarrollo del comercio con la zona más desarrollada de la época, Asia.
La moneda producida por el trabajo de los esclavos en Potosí contribuyó al desarrollo del capitalismo y de la revolución industrial. Pero ¿a qué precio? “Cada peso acuñado en Potosí ha costado la vida de diez indios, muertos en el fondo de las minas”, escribía Fray Antonio de la Calancha en 1638. ¿Qué ha sucedido con la enorme cantidad de plata extraída de las minas de Potosí, con el sudor de los mineros-esclavos amerindios y africanos cuando vemos hoy el estado de pobreza de la ciudad del mismo nombre?
Es por tanto muy razonable afirmar que la expropiación de recursos y el comercio que le siguió con la colonización están en buena parte en el origen de la riqueza actual de las potencias coloniales. Por no dar más que un ejemplo, Bruselas no sería lo que hoy es sin el saqueo realizado en el Congo belga. Además de la explotación de la fuerza de trabajo esclavista y la colosal fortuna de los metales preciosos obtenido, particularmente oro y plata, los europeos no hubieran tenido acceso a la seda y al algodón, a la técnica del vidrio soplado, al cultivo del arroz, así como a la de la patata, al tomate, al maíz, tabaco, pimiento, cacao de América, tan rápidamente sin la empresa devastadora de la colonización.

El oro en detrimento de lo humano y su entorno
El saqueo de materias primas continúa todavía en la actualidad en las colonias y excolonias: En Arlit, en el norte de Níger, Areva explota el uranio desde 1976. A día de hoy, una buena parte de esta región, barrida por las tempestades de arena, está contaminada.
“La Tierra es nuestra madre, el oro su corazón. Si se le arranca, muere”, resumía Aïkumalé Alemin, amerindio wayana de la región del Alto-Maroni. El mercurio utilizado por los buscadores de oro en Guayana francesa envenena a las poblaciones amerindias que viven en el bosque tropical guayanés. Efectivamente, los amerindios están contaminados por el pescado que constituye gran parte de su alimentación. “Numerosos estudios científicos realizados sobre los indios Wayana han confirmado que el nivel de mercurio es hasta dos veces superior al límite fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si no se toman medidas a corto plazo, vamos hacia una forma de genocidio”, denunciaba en 2014 Jean-Pierre Havard, responsable de “Solidaridad Guayana”.
Con salarios de miseria, tres toneladas de oro se extraen cada año de Guayana Francesa con peligros para la salud de las poblaciones autóctonas y de su medio ambiente. En total diez etnias estarían amenazadas de envenenamiento con mercurio en los países de la región. En Perú, la contaminación por mercurio en las aguas de los ríos amazónicos, producida por los buscadores ilegales, se extiende más allá de las zonas de explotación aurífera. En el caso de la comunidad Nahua, que se encuentra en la región de Ucayali, en el este de Perú, el consumo de un pez conocido como el Mota Punteada (Calophysus macropterus) por su nombre local, cuyo organismo es capaz de acumular el mercurio presente en el entorno, constituye la causa de esta contaminación que provoca particularmente problemas renales serios y casos de anemia.
Según el ministerio peruano de Medio Ambiente, 40 toneladas de mercurio son depositadas cada año en las aguas de la Amazonia peruana por los buscadores ilegales de oro. ¿Se reconocerá algún día la contaminación de las tierras y los ríos como una deuda ecológica, cuyos acreedores son los pueblos autóctonos?

Me lo creo todo - Jesús Lizano




Yo me lo creo todo,
como hombre bien nacido:
que aquel era mi padre
—quién sabe
quién era su padre—,
que este es mi amigo
—y quién era su amigo—,
que mi madre era mi madre,
que mi hijo es mi hijo
—quién sabe—.

Me lo creo, me lo creo:
que cumplo con el deber
cuando sacrifico
mi tiempo, mi pensar,
mis sentidos
para que a todos nos domine
el orden establecido
—quién sabe
quién lo ha establecido—,
que mi madre me torturaba
por mi bien, que por mi bien
moriré, especie de malditos.
Que éste es una autoridad,
que aquél es un obispo
—qué es un obispo—.

Me lo creo, me lo creo,
me trago
todo el bolo alimenticio.

Aplaudo todas las leyes,
me creo todos los mitos,
que estoy lleno de mierda
y los demás están limpios.

Me creo todas las órdenes,
todos los desatinos,
la historia entera me creo
—la historia de los asesinos—.

¡Ay, verdad, ay, quién te ve
y quién —ay— te ha visto!

Me lo creo, me lo creo:
decidme lo que queráis
de los griegos, de los ingleses,
de los turcos, de los indios.
Cumplo con el primer deber
de todo bien nacido
en esta especie de monstruos:
engañarme a mí mismo.
 

06 diciembre, 2017

Los seres humanos ciegos al inminente colapso – William E. Rees

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TheTyee.ca - 16/11/2017

(traducción: arrezafe)

Una cosa curiosa del homo sapiens es que somos lo suficientemente inteligentes como para documentar, con exquisito detalle, varias tendencias que presagian el colapso de la civilización moderna, pero no lo suficientemente inteligentes como para librarnos de nuestra situación autoinducida.

Esto se puso de relieve una vez más en octubre, cuando los científicos informaron que las poblaciones de insectos voladores en Alemania han disminuido en un alarmante 75 por ciento en las últimas tres décadas, acompañadas, en los últimos doce años, por una disminución del 15 por ciento en las poblaciones de aves . Las tendencias son similares en otras partes de Europa donde los datos están disponibles. Incluso en Canadá, todo, desde la casual observación de los parabrisas, hasta las evaluaciones científicas formales, muestran una caída en el número de insectos. Mientras tanto, las poblaciones domésticas de muchas aves que comen insectos están en caída libre. Ontario ha perdido la mitad de sus pájaros carpinteros en los últimos 20 años. En todo el país, especies como halcones nocturnos, golondrinas, martín pescador y atrapamoscas han disminuido hasta en un 75 por ciento. Las golondrinas del Gran Vancouver se han reducido en un 98 por ciento desde 1970. ¿Oímos algo sobre todo esto en las principales noticias?

Mal, muy mal. La pérdida de la biodiversidad, que puede convertirse en la pesadilla del siglo, es causada por muchos factores individuales, pero que interactúan: la pérdida de hábitat, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas de contaminación industrial, por ejemplo, suprimen las poblaciones de insectos y aves. Pero el motivo general es lo que un ecologista podría llamar el "desplazamiento competitivo" de la vida no humana por el crecimiento inexorable de la actividad humana.

En un planeta limitado, donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie conduce necesariamente a la contracción y extinción de otras. (Políticos, tomen nota: siempre hay un conflicto entre población humana / expansión económica y la "protección del medio ambiente").

¿Se acuerdan de los 40 a 60 millones de bisontes que solían vagar por las grandes llanuras de América del Norte? Ellos, junto con los millones de ciervos, berrendos, lobos y bestias menores que una vez animaron los ecosistemas de las praderas, han sido "competitivamente desplazados", y sus hábitats han sido tomados por una biomasa mucho mayor de humanos, ganado, cerdos y ovejas. Y no sólo en las soleadas Grandes Llanuras de Norte América, también por los millones de ganaderos en todo el mundo que dependen, en parte, de las exportaciones de cereales, aceite de semillas, leguminosas y carne de Norte América.

El desplazamiento competitivo se ha venido produciendo durante mucho tiempo. Los científicos estiman que en los albores de la agricultura, hace 10.000 años, el homo sapiens representaba menos del uno por ciento del peso total de los mamíferos en el planeta. (Probablemente sólo había de dos a cuatro millones de personas en la Tierra en ese momento). Desde entonces, los humanos han crecido hasta representar el 35 por ciento de una biomasa total mucho más grande; la tasa de animales domésticos y la dominación humana de la biomasa de mamíferos del mundo se eleva al 98.5 por ciento!

No se necesita buscar más para explicar por qué las poblaciones silvestres se han desplomado a nivel mundial en casi un 60 por ciento en el último medio siglo. Los tigres salvajes han sido expulsados ​​del 93 por ciento de su habitat histórico y su población se ha reducido a menos de 4.000 en todo el mundo; los elefantes africanos ha menguado hasta en un 95 por ciento, estimándose en sólo 500.000 en la actualidad; la caza furtiva arrojó cifras sobre el rinoceronte negro: de los ya escasos 70.000 en 1960 a sólo 2.500 a principios de los años noventa. (Con un intenso esfuerzo de conservación, se han recuperado desde entonces alrededor de 5.000). Y aquellos que piensan que Canadá todavía es una zona silvestre, prístina y poco poblada deberían repensarlo: la mitad de las especies silvestres regularmente monitoreadas en este país están en declive, con una caída promedio de la población del 83 por ciento desde 1970. ¿Mencioné que la población de orcas residente al sur de British Columbia es de tan sólo 76 animales? Eso se debe, en parte, a que los pescadores han alejado a las orcas de su alimento favorito, el salmón Chinook que, a su vez, ha sido desplazado de sus arroyos de desove a través de represas hidroeléctricas, contaminación y urbanización.

La historia es similar para especies familiares en todas partes y probablemente peor para la fauna no carismática. Los científicos estiman que la "moderna" tasa de extinción de especies es de 1.000 a 10.000 veces la tasa de fondo natural. La economía mundial está afanosamente ocupada convirtiendo la naturaleza viviente en cuerpos humanos y ganado doméstico, algo que pasa desapercibido a nuestras poblaciones, cada vez más urbanas. La urbanización aleja a las personas tanto psicológicamente como espacialmente de los ecosistemas que las respaldan.

Puede que el carro de la masa humana comenzara a rodar hace 10 milenios, pero en los dos últimos siglos de crecimiento exponencial ha acelerado extraordinariamente el ritmo del cambio. Tomó toda la historia de la humanidad, digamos 200.000 años, para que nuestra población alcanzara los mil millones a principios del siglo XIX, pero sólo 200 años, 1/1000 de tiempo, para alcanzar los 7.600 millones de hoy. Mientras tanto, la demanda de materia prima en el planeta se ha elevado aún más: el PIB mundial se ha multiplicado por más de 100 desde 1800, y el promedio de ingresos per cápita en un índice de 13 (aumentando a 25 en los países más ricos ). En consecuencia, el consumo se ha disparado y la mitad de los combustibles fósiles y muchos otros recursos utilizados por los humanos se han consumido en los últimos 40 años. (Ver gráficos)


¿Por qué es importante esto, incluso para aquellos a quienes realmente no les importa la naturaleza en sí ? Además de la infamia moral asociada con la extinción de miles de otras formas de vida, existen razones puramente egoístas para preocuparse. Por ejemplo, dependiendo de la zona climática, entre el 78% y el 94% de las plantas con flores, incluidas muchas especies de alimentos para humanos, son polinizadas por insectos, pájaros e incluso murciélagos. (Los murciélagos, también en apuros en muchos lugares, son los polinizadores principales o exclusivos de 500 especies en al menos 67 familias de plantas). Hasta un 35% de la producción mundial de cultivos depende más o menos de la polinización animal, lo que garantiza o aumenta la producción de 87 cultivos alimentarios líderes en todo el mundo.

Pero hay una razón más profunda para temer el agotamiento y la despoblación de la naturaleza. En ausencia de vida, el planeta Tierra es sólo una roca húmeda intrascendente con una atmósfera venenosa que gira inútilmente alrededor de una estrella ordinaria en las orillas extremas de una galaxia irrelevante. Es la vida misma, comenzando con innumerables especies de microbios, la que gradualmente generó el "ambiente" adecuado para la vida en la Tierra tal como la conocemos. Los procesos biológicos son responsables del equilibrio químico favorable a la vida de los océanos; las bacterias fotosintéticas y las plantas verdes han almacenado y mantienen la atmósfera de la Tierra con el oxígeno necesario para la evolución de los animales; la misma fotosíntesis extrajo gradualmente miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera, almacenándolas en cretas, piedra caliza y depósitos de combustibles fósiles, de modo que la temperatura promedio de la Tierra (actualmente alrededor de 15º C) ha permanecido para edades geológicas en la estrecha franja que hace posible la vida basada en agua, incluso cuando el sol se ha estado calentando (es decir, que el clima estable es parcialmente un fenómeno biológico); innumerables especies de bacterias, hongos y una verdadera colección de micro-fauna regeneran continuamente los suelos que cultivan nuestros alimentos. (Desdichadamente, el agotamiento por la agricultura es incluso más rápido. Según algunas versiones, nos queda, tan sólo, poco más de medio siglo de tierra cultivable).

En resumen, el homo sapiens depende completamente de una rica diversidad de formas de vida destinadas a proporcionar multitud de funciones básicas, esenciales para la existencia y supervivencia de la civilización humana. Con una gran crisis mundial sin precedentes, inducida por los humanos, ¿qué posibilidades hay de que la integridad funcional de la ecosfera sobreviva a la próxima duplicación del consumo material que todos esperan antes de mediados de siglo?

Esta es la cuestión: el cambio climático no es la única sombra que oscurece la puerta de la humanidad. Si bien no lo sabréis por los medios de comunicación dominantes, la pérdida de biodiversidad podría suponer una amenaza sobre la existencia misma de la humanidad. Mientras pensamos en ello, agreguemos a la mezcla la degradación del suelo y del paisaje, la posible escasez de alimentos, de energía y de otros recursos. Y si crees que probablemente podremos "manejar" cuatro de cada cinco de estos problemas ambientales, no importa. La pertinente versión de la ley de Liebig establece que, cualquier sistema complejo que dependa de varios insumos esenciales puede ser eliminado por ese único factor de menor suministro (y aún no hemos abordado los riesgos adicionales planteados por la agitación geopolítica que inevitablemente seguiría a la desestabilización ecológica).

Lo cual plantea preguntas que, por supuesto, van más allá del mero interés académico. ¿Por qué no estamos colectivamente aterrados o al menos alarmados? Si nuestra mejor ciencia sugiere que estamos camino al colapso de los sistemas, ¿por qué el colapso y cómo evitarlo no son los temas principales del discurso político internacional? ¿Por qué la comunidad mundial no participa en un debate urgente y comprometido sobre las iniciativas disponibles y los mecanismos institucionales transnacionales que podrían ayudar a restablecer el equilibrio en la relación entre los seres humanos y el resto de la naturaleza?

Hay muchas opciones políticas, desde simples impuestos al consumo, pasando por iniciativas populares de planificación integral para una economía sostenible, hasta una educación general que propicie cambios voluntarios en el estilo de vida, todo lo cual mejoraría las perspectivas de la sociedad mundial para la supervivencia a largo plazo. Cualidades humanas únicas, desde una inteligencia consciente (por ejemplo, razonar a partir de la evidencia), la capacidad de planificar con anticipación, hasta la conciencia moral, son requisitos indispensables para la tarea, pero permanecen inactivas: hay pocos indicios de voluntad política para reconocer el problema y mucho menos para elaborar soluciones genuinas (que el acuerdo climático de París no contempla).

¿Conclusión? El mundo parece negar el inminente desastre; la palabra "C" [¿capitalismo?] permanece silenciada. Todos los gobiernos desestimaron la advertencia (1992) de los científicos a la Humanidad, según la cual, "se requiere un gran cambio en nuestra administración de la Tierra y de la vida en ella, si se quiere evitar la gran miseria humana", e ignorarán de manera similar la "segunda" (Publicada el 13 de noviembre de 2017, esta advertencia afirma que la mayoría de las tendencias negativas identificadas 25 años antes "están empeorando"). 

A pesar de la cascada de evidencias y el análisis detallado de lo contrario, la comunidad mundial, como si de su santo grial contemporáneo se tratara, proclama que el "crecimiento-somos-nosotros". Incluso los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se basan en la expansión económica como único martillo para cada problemático clavo. Mientras tanto, los gases de efecto invernadero alcanzan niveles máximos históricos, las zonas muertas marinas proliferan, los bosques tropicales caen y las extinciones se aceleran.

¿Qué está pasando aquí? La explicación completa de este enigma humano y potencialmente fatal es sin duda compleja, pero Herman Melville lo resumió bastante bien en su Moby Dick : "No hay locura de las bestias de la tierra que no sea infinitamente superada por la locura de los hombres".