16 octubre, 2017

La "vuelta a las andadas" de la monarquía


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Párrafos extraídos del artículo «Reino de España: Por qué es necesario un referéndum sobre la monarquía» de Javier Pérez Royo
sin permiso 11/10/2017 (pdf)

[…]

La monarquía del discurso de Felipe VI el pasado 4 de octubre no fue la monarquía Parlamentaria de la Constitución, sino la monarquía Española de las Constituciones anteriores a la de 1978. La precedencia histórica de la monarquía sobre la democracia se colaba en nuestro sistema político.

El hecho de que nos encontremos ante una situación excepcional no sólo no justifica dicha inversión entre los principios de legitimidad democrático y monárquico, sino que debe conducir a lo contrario. Cuanto más difíciles son las circunstancias, menos se justifica la intervención de una magistratura hereditaria que carece, por ello, de legitimación democrática. El Rey en la Constitución es un órgano, pero no un poder del Estado, que no puede, en consecuencia, intervenir en el proceso político. Nunca, pero mucho menos cuanto más decisivo sea el momento.

La conducta del Rey Felipe VI no solamente supuso una vulneración de la Constitución y una deslealtad respecto del ejercicio del poder constituyente del pueblo español, que no por casualidad y de manera inadvertida puso el artículo 1.2 CE antes del 1.3 CE, sino que además desnaturalizó con ello la monarquía Parlamentaria regulada en la Constitución.

Lo hizo, además, con un discurso que supuso una ruptura con la neutralidad exigible a cualquier Jefe del Estado en una democracia parlamentaria, tanto en una República como en una monarquía, pero obviamente mucho más en esta última. Ningún Jefe de Estado en Europa con legitimación democrática, es decir, ningún Presidente de una República con la excepción del Presidente de la República Francesa, podría haberse dirigido a los ciudadanos en los términos en que lo hizo el Rey Felipe VI. En una monarquía Parlamentaria tal conducta es sencillamente inimaginable.

[…]

La "vuelta a las andadas" de la monarquía

Dadas las circunstancias en la que nos encontramos, es ilusorio pensar que lo que ha ocurrido en estos últimos años y en especial esta pasada semana no va a volver a ocurrir y que, de ahora en adelante, la monarquía se comportará como una monarquía Parlamentaria adecuada al concepto, como diría Hegel.

En el Derecho Constitucional, a diferencia de lo que ocurre en el Derecho Privado, no es necesaria la repetición reiterada de acontecimientos para que se constituya un precedente. Con una vez basta.

La autonomía de la que ha considerado que disponía el Rey Felipe VI para analizar la situación y adoptar la decisión que considerara pertinente, desconociendo la Constitución, alterando el orden establecido por el constituyente entre el principio de legitimidad democrática del Estado y el principio monárquico, y la desnaturalización que con ello se ha producido de la monarquía Parlamentaria, no son elementos menores.

Después de lo ocurrido esta semana, únicamente podemos ir a peor. Con la trayectoria de la monarquía a lo largo de toda nuestra historia constitucional nadie puede llamarse a engaño. Con Felipe VI la monarquía ha iniciado la “vuelta a las andadas”. Y ello no es compatible con un Estado democrático digno de tal nombre.
La sociedad española, si quiere vivir en una sociedad democrática, tiene que afirmar de manera inequívoca su voluntad constituyente sobre la monarquía, tiene que decidir sin ambigüedad de ningún tipo, que “tiene el derecho a adoptar la forma de gobierno que más le convenga”.

Y esto únicamente puede hacerse mediante un referéndum, en el que el cuerpo electoral pueda decidir si considera que la monarquía debe continuar formando parte de su forma de gobierno o no. Y en el caso de que optara por mantener la monarquía, definir a continuación con precisión cuál sería su posición dentro del sistema político.


No hay problema más importante ni tarea más urgente.

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Ernesto Rodera

15 octubre, 2017

LOS NUEVOS TOTALITARISMOS - Laura Vicente / Félix García Moriyón




La democracia actual poco tiene que ver con la res publica, es una democracia de libre mercado que se desdibuja a pasos agigantados frente a la burocracia global y que asume las funciones que los mercados le marcan. El mundo camina hacia la centralización, hacia la concentración del dinero y del poder, en definitiva, hacia nuevas formas de totalitarismo. Seguramente el control no será idéntico al del siglo pasado y es posible que nos aguarde, como señala Imre Kertész, un fascismo discreto con abundante parafernalia biológica, supresión total de las libertades [por supuesto por nuestro bien, por nuestra seguridad] y relativo bienestar económico en el mundo rico. 
Tampoco es descartable una guerra mundial que no pocos sociólogos llevan tiempo anunciando, aunque no pueda saberse aún quienes la librarán, quienes serán los principales oponentes. Los rostros del odio, del racismo, del machismo, del nacionalismo exacerbado cobran delante de nuestros ojos expresiones terribles (leamos las palabras de furia del discurso de Donald Trump en su toma de posesión como presidente o de Marine Le Pen o de Benjamín Netanyahu o de cualquiera de los líderes de extrema derecha que avanzan posiciones en diversos países europeos) y vuelve a experimentarse la embriaguez colectiva que tanto nos recuerda a lo ocurrido en la década de 1930. 
Quizás alguien pueda pensar que este panorama es exagerado y catastrofista, una reacción habitual que recuerda a otras muchas muy similares que se han dado en la larga historia de la humanidad; sin salirnos de nuestra tradición occidental, tenemos el apocalipsis cristiano, las reflexiones sobre la caída del Imperio Romano, los terrores del año 1000 y el Gran Miedo de 1789, por mencionar solo algunos. La apocalíptica anunciando grandes catástrofes ha gozado de cierta aceptación, si bien en algunos casos no se ha limitado al anuncio negativo, sino que ha propuesto también soluciones nuevas a esos males. 
Este dossier incompleto, como no puede ser de otro modo puesto que las causas de los nuevos totalitarismos son múltiples, ha puesto la mirada en un viejo conocido, el nacionalismo, que se nutre continuamente de pretensiones de totalidad y hambre de trascendencia. Nacionalismos de unión sagrada que igual afloran por la extrema derecha que por la extrema izquierda y que alimentan a sus seguidores/as con mitos que se aprovechan de la reserva emocional de personas afectadas por una grave crisis en Europa que está siendo desviada hacia el egoísmo de los ricos (personas o naciones con Estado o sin él), la insolidaridad, el racismo y el machismo, en definitiva, contra los débiles. También mira el dossier hacia el papel que desempeñan en esa evolución hacia el totalitarismo las nuevas tecnologías desarrolladas estos últimos años, y cómo se insertan (y posibilitan) un dispositivo de poder socio político que aúna la seguridad y la prevención en un escenario mundial de crecientes riesgos (supuestos o reales). Los peligros totalitarios de los expertos y tecnócratas en las democracias europeas y el protagonismo económico y político del capital financiero, con una destacada capacidad para imponer sus intereses, son otros aspectos sobre los que se centra este dossier. Y es necesario reflexionar sobre la penetración de los dispositivos del dominio en cada uno de nosotros, un dominio que padecemos ya en el control del cuerpo, pero que terminamos también ejerciendo. 
Eso es lo que explora otro de los artículos [pdf], señalando que es fundamental el rechazo del dominio desde nosotros mismo: decidirnos a no ejercer ni aceptar el dominio puede y debe ser la clave sobre la que pivote una alternativa revolucionaria. ¿Hay posibilidades de hacer frente a estos nuevos totalitarismos? Quién sabe. En todo caso, un enfoque desde la anarquía hace posible otra mirada, quizás otro mundo, ya que lo que la caracteriza es justamente el rechazo de todo principio absoluto, la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad para pensar y construir un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin mitos que supongan dependencias.

14 octubre, 2017

MONOPOLIO




El Estado tiene el monopolio absoluto y arbitrario de:

La ley
Las normas
Las armas
Lo justo
Lo injusto
La violencia
El crimen
La verdad
La mentira
El fraude
La riqueza
El dinero
El saqueo
La medida
El reparto
Los fines
Los medios
El horario
El secreto
La información
El futuro
El presente
La realidad
La historia
La vigilancia
El orden
El desorden
La moral
La necesidad
El lujo
El gusto
El ocio
El trabajo
El territorio
Los límites
Las fronteras
Los alimentos
La salud
La medicina
La educación
La lengua
La ciencia
El pensamiento
El premio
El castigo
El vicio
La virtud
La seguridad
La inseguridad
La vida y
La muerte


Estado:
El Estado es una maquinaria mediante la cual se hace efectivo el poder político; y el gobierno es quien, en una primera aproximación, detenta ese poder, ya que está constituido por el conjunto de personas que manejan dicha maquinaria.
arbitrario, ria.
Del lat. arbitrarius.
adj. Sujeto a la libre voluntad o al capricho antes que a la ley o a la razón.
absoluto, ta.
Del lat. absolūtus.
adj. Independiente, ilimitado, que excluye cualquier relación.
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“Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por hombres que no tienen el derecho, los conocimientos, ni la virtud necesarios para ello. 
Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, grabado, sellado, medido, evaluado, sopesado, apuntado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido. 
Es, con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta: reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado por el garrote, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido, traicionado y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado. 
¡Eso es el gobierno, esa es su justicia, esa es su moral!”
Pierre-Joseph Proudhon


«Gloria a la cucaracha que fastidia» - José Luis Mejía



  
Gloria a la cucaracha que fastidia
y a la hormiga constante —pertinaz—,
gloria a la pulga en su ritual perfidia
y a la rata bubónica y audaz.

Gloria al volcán que ruge con descaro
y al huracán que arranca las raíces,
gloria a los cataclismos y gloria, claro,
a sus temblores suaves y aprendices.

Gloria a las bombas y a la guerra absurda
con que se matan hombres y mujeres,
gloria al rencor y a la venganza burda
que hoy parece el placer de los placeres.

Con tanta mala leche en nuestra historia,
no hay mejor escondite que la gloria.



12 octubre, 2017

He mirat aquesta terra – Salvador Espriu



Silvia Pérez Cruz                                            Toti Soler

He mirado esta tierra

Cuando la luz que nace en el fondo del mar
comienza justo a temblar por levante,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Cuando por la montaña que cierra el poniente
el halcón se lleva la claridad del cielo,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Mientras resuella el aire enfermo de la noche
y murmuran en los caminos bocas de oscuridad,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Cuando la lluvia trae el olor del polvo
de las ásperas hojas de los aloes lejanos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Cuando el viento habla en la soledad
de mis muertos que ríen de estar siempre juntos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Mientras envejezco en el continuo esfuerzo
de pasar el arado sobre los recuerdos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Cuando el estío derrama por el dormido campo
el amplio silencio que extienden los grillos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.

Mientras comprendían sabios dedos de ciego
cómo el invierno desnuda el sueño de los sarmientos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.


Traducción del catalán: Esteban


Carta abierta a un Nobel peruano - Iñigo Landa Larrazabal


            J.Mª Aznar                       Mario Vargas Llosa 

11/10/2017
Hace 196 años, el general José de San Martín proclamaba la independencia del Perú. Nacía así un nuevo país gobernado por autoridades elegidas democráticamente por su pueblo. En el intento de romper el vínculo de sometimiento con la Corona española, los patriotas defensores de la liberación se enfrentaron a los realistas que pretendían mantener el Virreinato de Perú. Si bien las manifestaciones y revueltas se sucedieron durante más de una década, en el año 1820, con la llegada de José de San Martín y su Expedición Libertadora, se comenzó a pensar en la independencia como posibilidad. Así, el 15 de julio de 1821 sesionó el Cabildo de la ciudad y se redactó el Acta de la Independencia del Perú, luego de que las tropas del Virreinato abandonaran el territorio. El documento escrito fue apoyado por más de tres mil limeños de todas las clases sociales (sí, tres mil).

Días más tarde, el sábado 28 de julio de 1821, San Martín proclamó la independencia del país ante miles de personas reunidas en la Plaza Mayor: “Desde este momento, el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”. Evidentemente, España declaró ilegal esa independencia que tú, Vargas Llosa, dices celebrar cada 28 de julio. En tu mediática campaña de prensa (entre el Nobel y tu real nombramiento como “marqués”) fuiste portada del suplemento semanal en un medio de prensa escrita de tirada estatal, en el que llegaste a decir (literalmente):

“Yo, cada 28 de julio celebro el día que Perú, mi Patria, consiguió independizarse del Reino de España“.


Curioso. Eso se te olvidó el pasado domingo en Barcelona. Pero es historia. Y, a partir de aquí, deberías recordar, como estómago agradecido que eres, Mario Vargas Llosa, que no es el nacionalismo quien ha causado guerras y millones de muertos en Europa, si no el imperialismo.

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11 octubre, 2017

El jardinero – Máximo Gorki


El Jardinero



Febrero, 1917

Los vehículos salpican barro contra las paredes, enlodando a los peatones, mientras se precipitan calle abajo, entre mugidos y bocinazos.  Van llenos hasta los topes de soldados y marineros, erizados con las espinas de acero de las bayonetas, como grandes puercoespines en desbandada. De vez en cuando suena el chasquido de un rifle. ¡Revolución! La nación rusa se arremolina, enfebrecida por su libertad recién adquirida; intenta aprehenderla, pero hasta cierto punto se le escapa.

En el parque de Alejandro, un jardinero está absorto en su trabajo solitario; es un hombre de gruesa complexión, de unos cincuenta años. Con gestos tranquilos y desmañados barre las hojas caídas del año pasado y la basura de los caminos y arriates, sacudiendo la nieve recién caída.

No se interesa en absoluto por el ajetreo que le rodea, y permanece sordo al chillido de las bocinas, a los gritos, a los cantos y a los disparos. Ni siquiera ve las banderas rojas. Le estuve observando para ver si levantaba la vista un momento y se fijaba en la gente que se afanaba a su alrededor, en los camiones erizados de bayonetas. Pero siguió inclinado sobre su trabajo y continuó su tarea obstinado como un topo. Según parece, también es tan ciego como ese animal.

Marzo, 1917


A lo largo de las calles, por los caminos del parque, cientos, miles de soldados vestidos de gris avanzan con lentitud en dirección al Narodni Dom; algunos arrastran ametralladoras, como cerditos de  hierro atados a  una  cuerda. Es uno de los innumerables regimientos de ametralladoras que acaban de llegar de Oranienbaum. Dicen que está compuesto por más de diez mil hombres. No saben qué hacer y desde  que llegaron esta mañana han ido vagando sin rumbo por la ciudad, en busca de alojamientos. Los peatones se apartan cuando se cruzan con ellos, pues son hombres gastados por la guerra, hambrientos y feroces. Advertí que algunos de ellos se habían sentado junto a un amplio arriate y habían desparramado sus mochilas y fusiles sobre él.

Al poco tiempo, y sin apresurarse lo más mínimo, llegó el jardinero con su escoba. Les examinó enfadado:
–¿Os habéis creído que éste es terreno para acampar? Esto es un arriate; aquí van a crecer flores.  Sabéis lo que son flores, ¿no? ¿Estáis todos  ciegos? Éste es el lugar de juego de los niños. Fuera de aquí, os digo. ¿Me habéis oído?
Y los feroces hombres armados se alejaron dócilmente del arriate.

6 de julio de 1917


Soldados con cascos de acero, recién venidos del frente, rodean la fortaleza de Pedro y Pablo. Desfilan pausadamente por el pavimento y a través del parque; arrastran las ametralladoras tras sí, y balancean los rifles de manera descuidada sobre el hombro. De vez en cuando, uno de ellos le advierte bonachonamente a un paseante:
–¡Dese prisa, que va a haber tiros!

Los ciudadanos están ansiosos por contemplar la batalla y siguen en silencio a los soldados; con movimientos de zorro, escabulléndose de árbol en árbol, alargan el cuello, y miran con avidez hacia delante.

En el parque de Alejandro las flores crecen a lo largo de los senderos; el jardinero trabaja entre ellas.  Se ha puesto un mandil limpio y lleva una azada en la mano. Mientras camina, regaña a los mirones y a los soldados, como si fuesen un rebaño de ovejas.
–¿Por dónde creéis que estáis andando? ¿Acaso está aquí la hierba para que la pateéis? ¿Es que no tenéis suficiente espacio con los senderos?
Un campesino barbudo, de cabeza broncínea, vestido con un uniforme de soldado, el fusil bajo el brazo, le dice al jardinero:
Cuida de tus asuntos, viejo, o te fusilamos ahora mismo.
–¿Ah, sí…?  ¡Prueba a ver!  Buena puntería debes tener tú...
–¿Es que no sabes que estamos en guerra? Va a haber una batalla.
–¿Ah, sí…? Bueno, seguid con vuestra batalla, y yo continuaré con mi trabajo.
–En eso estamos de acuerdo. ¿Tienes un cigarro? Mientras saca del bolsillo su petaca, el jardinero gruñe:
–Pisotear la hierba no está permitido...
–Es la guerra.
–¿Y a mí qué? La lucha está bien para los que les gusta luchar; tienes un montón de gente para que te ayude; pero yo tengo que hacer mi trabajo solo. Más vale que limpies ese rifle que llevas; está todo oxidado...

Suena un silbato y el soldado, sin tiempo de encender el cigarrillo que tiene en los labios, lo guarda a toda prisa en el bolsillo y sale corriendo entre los árboles.
El jardinero escupe con desdén en su dirección, y grita enfadado:
–¿Por qué demonios corres por la hierba? ¿No puedes ir por otro camino?

Otoño, 1917

El jardinero camina sin prisas por el sendero, con una escalera de mano a la espalda, y un par de tijeras de podar en la mano.  De vez en cuando se detiene a podar las ramas muertas que   crecen al lado del sendero. Ha adelgazado, casi parece haberse encogido; la ropa le cuelga, como las velas de un mástil en  un   día de calma. Las tijeras de podar cortan con furia y emiten secos chasquidos mientras van tronchando las ramas muertas.

Al contemplarle, no puedo dejar de pensar que ni un temblor de tierra ni una inundación le impedirían continuar con su trabajo. Y si las trompetas de los arcángeles que anuncien el día del Juicio Final no brillan con suficiente resplandor, no me cabe la menor duda de que regañará a los arcángeles con la misma voz con que increpó al soldado:
–Más vale que limpiéis un poco las trompetas, están muy sucias...
***

09 octubre, 2017

"El 1-O se envió a Cataluña un batallón de 10.000 policías y guardias civiles al grito de “a por ellos”, en una manifestación de intrusismo político “ultra” que no es nueva en funcionarios policiales"



Cataluña no es Kosovo, pero… bien podría serlo.

Hay un poso irónico en el titular de esta entrada, obviamente. Después del Congreso Eucarístico patriótico-constitucional español de ayer, cuantificable por el número de autobuses procedentes del resto del Estado que aterrizaron en Cataluña, podemos empezar reflexionar sobre qué es lo que se vio y vivió en las calles barcelonesas. Lo más destacable fue observar en la manifestación pro-España, antes “roja” que rota, la presencia del marqués Vargas Llosa, viejo fascista, aspirante fracasado a la presidencia del Perú, asistiendo sin su consorte filipina, ya que lucir joyas de Versace y Dior no encaja, lógicamente, con una cosa tan plebeya y andrajosa como es manifestarse en las calles. Vino a decir el peruano que todo nacionalismo es una mierda, menos el español que nos legó el Caudillo que es incorrupto e inmarcesible.

Otros cruzados de la España imperial “lepantista” secundaron a Llosa con esa horterez cateta de llevar la bandera rojigualda a la espalda (yo no llevaría ni una chapa), como si eso les diera un plus de patriotismo especial respecto del resto de españoles a los que nos provoca gran desafecto tal cosa. Algunos de ellos se mostraron brazo en alto, embebidos de alcohol, montando bronca y desplegando amor incondicional por las porras policiales y la España eterna de Primo de Rivera. Los medios extranjeros otra vez atónitos. No les verás, no, a esos patriotas montando manifestaciones masivas luchando por sus derechos no sea que al final las flores a la policía se tornen en lamentos contra el orden represivo.

Al final, llegó el discurso principal a cargo de uno de la vieja guardia galosa del PSOE: el ex ministro Josep Borrell, el muñeco parlante elegido por Felipe González. Sus palabras sobre Cataluña fueron, fundamentalmente, que el territorio catalán no es “ni Lituania, ni Kosovo, ni Argelia” ya que el feudo del burgués Puigdemont no está ocupado ni militarizado. Cualquiera lo diría cuando para el 1-O se envió a Cataluña un batallón de 10.000 policías y guardias civiles al grito de “a por ellos”, en una manifestación de intrusismo político “ultra” que no es nueva en funcionarios policiales. Como, también, injerencia han sido los bulos prefabricados por el diario de la CIA y Qatar, ELPAÍS, para acusar a Rusia de inmiscuirse en el llamado proceso soberanista. Y es que Rusia está en todas hijos… en EEUU, en Francia, en Alemania, en Londres y… en Siria, donde Putin está jodiendo la marrana a todos esos patrocinadores del terrorismo de ISIS. Esta última, es la esencia del meollo rusofóbico occidental.

Esa analogía infecta y mentirosa que se permitió lanzar el pedante Borrell a cuenta del “procés” separatista, mencionando a Kosovo como ejemplo de Estado militarizado y ocupado, es una falacia desvergonzada que se autodestruye echando mano de lo que fue el holocausto perpetrado por Occidente contra la Yugoslavia de Slobodan Milosevic. Cualquiera que haya estudiado el conflicto yugoslavo de finales de los años 90, al margen de las mentiras y patrañas oficiales de EEUU y sus mariachis-propagandistas europeos, sabe que el objetivo de Occidente fue destruir Yugoslavia y despedazarla en varios Estados clientes de la OTAN. Se trataba de acabar con un Estado que era un potencial aliado de Rusia para luego recolonizarlo a través de sus mini-Estados y servir como lanzadera imperialista hacia Moscú y el Cáucaso.


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La ley del embudo - Alfonso Sastre















La famosa ley-embudo
se enuncia como veredes:
Que lo ancho es para mí
y lo estrecho para ustedes.


Miren la ley del embudo
que va contra mi conciencia:
Si a mí me matan es orden.
Si me defiendo es violencia.


La ley del embudo, en fin,
así la van componiendo:
Orden es si me dan palos.
Violencia si me defiendo.


Según piensan los señores
no tengo donde cogerme:
Si a mí me matan es paz
pero es guerra el defenderme.


Las pistolas policíacas
no son ningún armamento;
pero si yo cojo un palo
me violentan por violento.


En sus cuarteles sombríos
destrozan al ser humano.
Eso no es violencia, amigos,
¡Gajes del orden cristiano!


Porrazos y tentetieso
en los campos de Baeza.
Yo llevaba mis dos manos
y volví sin la cabeza.


Violencia engendra violencia,
dicen otros, muy contritos,
¿Escucháis llantos ahora?
¿No se oyeron nuestros gritos?


Ocupa miles de folios
la lista de las torturas.
Pero violencias jamás.
¡Son calumnias e imposturas!


Vida alegre y muerte triste.
Sirva a otros de escarmiento;
con tormento viven siempre
los que viven del tormento.


Y aquí se acaba la historia
con que a vosotros acudo
sobre la violenta ley
llamada ley del embudo.